DERECHO A REPLICA, DERECHO AL CAMBIO
Por: Erika Brockmann Quiroga
25/02/04

El pasado domingo, mi amigo y columnista, Cayetano Llovet, en su nota "¿Transversales, transformes o travestis?" criticó ácidamente al grupo parlamentario recientemente estructurado en torno a la necesidad de asumir una nueva actitud y devolverle algo de credibilidad al accionar del Parlamento. Mientras este conjunto de congresistas se pronunciaba sobre diversos temas de interés nacional que hacen a la delicada agenda de responsabilidades congresales, el ingenio de detractores y de benevolentes analistas lo etiquetaban y bautizaban como el grupo de "transversales", "oportunistas", "promesistas", "rebeldes", "disidentes", "G-36", etc. Sinceramente, a estas alturas, la crítica no sorprende ni asusta, al contrario es bienvenida. No extraña que este peculiar grupo sea blanco de críticas relacionadas a su circunstancial y heterogénea composición y a su actuación en una coyuntura atípica que nos exige cambiar en todos los ordenes de la vida institucional política, empresarial, sindical y comunicacional.

Siento la obligación de dar respuesta a tan adjetivada nota, la cual reincide en actitudes altoperuanas y la cultura del "NO y nada vale" que ella misma critica desde el púlpito pontificador de analistas y críticos de la política.

La historia y la ciudadanía nos exige transformar (¡ojo! palabra positiva iniciada con "tr") y erradicar viejos estilos de hacer política. Es más, con razón, se nos censura por no haber leído correctamente los conflictos y los hechos de Febrero y Octubre del 2003. ¿No resulta entonces contradictorio y hasta esquizofrénico que, mientras se nos exige autocrítica y cambio, haya voces "autorizadas" que nos nieguen el derecho y el deber a cambiar y a liberar nuestra palabra de consignas y patrones "disciplinarios" hoy cuestionados?. El derecho a enmendar desaciertos y a cambiar de criterio, no es monopolio de ciudadanos ni de comentaristas "no políticos". Es parte de la pedagogía que todo el pueblo boliviano debe recoger, especialmente las elites formadoras de opinión.

No abdicaremos al derecho de romper dogmas, de recuperar la capacidad de deliberar restituyendo escenarios tolerantes a la discrepancia, aún a riesgo de que esta sea tildada de deslealtad, impostura e indecencia.

Es reconfortante, compartir, debatir y discrepar entre "transversales", sin renegar de nuestras bancadas partidarias. Es saludable reconocer que varios colegas y bancadas, coinciden, aportan, enriquecen, respetan e inspiran iniciativas comunes. Somos lo que fuimos; mas o menos rebeldes, sumisos, contestatarios, "cuoteadores", inteligentes o propositivos en la interna de nuestros partidos y coaliciones, hoy en crisis. Somos lo que somos en nuestra circunstancia, diría Gasset. Algunos volveremos a la política, muchos cerraremos el ciclo de vida parlamentaria y de servicio público. Queda claro sin embargo que, hasta el último minuto que asumamos nuestro mandato, no desmayaremos en el esfuerzo de hacer las cosas de distinta y mejor manera.

Acepto que la oportunidad del cambio deviene de la circunstancia histórica, en ese sentido, hablar de oportunismo no es ofensivo. Lo que resulta torpe, es atribuir la movida "transversal" al interés de acceder a ventajitas del poder palaciego y lo que es peor, a una estrategia prematura para conformar directivas camarales. ¡ Vaya simplismo para entender la complejidad de un parlamento atravesado por "comparsas" regionalistas, semigolpistas, radicales o confundidas, con seguridad de mas cuidado que la aludida transversal!.

Quizás, nuestro amigo y crítico, tenga razón. ¿ No estará nuestra controversia inspirada bajo el influjo de libaciones en tiempos de carnaval?.