20/02/04
Los disidentes conforman la bancada más numerosa del Parlamento

Octubre ha cambiado todo. El Parlamento, pese a los intentos de las fuerzas conservadoras en mantener su estilo del pasado, han empezado a experimentar reformas internas importantes. Entre otras, el surgimiento de la “Bancada Transversal”, de 31 diputados y cinco senadores, actualmente la más numerosa del Congreso.

Si a esos 31 diputados se suman los 26 del MAS, los cinco del MIP y dos disidentes, esa bancada tiene en total 64 diputados, dos menos de la mayoría absoluta en la Cámara Baja, que conforman 66 votos.

Son claros los intentos de la ex Mega (MNR, MIR y NFR) de desestabilizar al Gobierno de Carlos Mesa y de no aceptar la agenda que el Presidente pretende imponerles a los parlamentarios. Por otro lado, su casi nula legitimidad y su popularidad bajísima hace que el Congreso esté, como se dice en los corrillos parlamentarios, “entre la turba y la pared”. O hacen lo que la ciudadanía espera que hagan o sobrevuela sobre sus cabezas la amenaza de intervención y cierre.

La ex Mega ya no tiene la precaria mayoría que mostró durante el Gobierno de Goni y que le permitió aprobar unas cuantas leyes en noviembre de 2002: la reposición del Bonosol, el Seguro Materno Infantil y otras menores.

Las disidencias no orgánicas

Semanas después de que Sánchez de Lozada fugara del país, los partidos que sustentaron su mandato se han visto afectados por duros cuestionamientos internos que, bajo la batuta del rebelde movimientista Hugo San Martín, ha dado lugar a una disidencia aglutinada en la “Bancada Transversal”.

La otrora coalición oficialista alcanzaba a un total de 91 diputados y 19 senadores, incluyendo a los tres disidentes de NFR que formaban parte del partido de Ivo Kuljis.

Las primeras fisuras de este bloque empezaron a manifestarse poco después de los hechos sangrientos de febrero, con la salida del esquema gubernamental de UCS y el distanciamiento en el ámbito parlamentario de la ADN de Tuto Quiroga.

La tendencia a un mayor debilitamiento se profundizó a fines de octubre pasado, cerca de 15 días después de la dimisión de Goni, cuando unos 17 diputados uninominales se desmarcaron del control de los partidos del anterior esquema gobiernista. El MNR, de un total de 47 parlamentarios, se redujo a 39, el MIR de 31 a 23, UCS de 5 a 4 y NFR de 27 a 14. Son 29 parlamentarios en total, salidos de los partidos tradicionales, los que han creado esa nueva bancada. Se suman a ellos el diputado del PS y el de ASP. Los cinco parlamentarios de ADN se unen a esta bancada dependiendo de los temas a tratar.

Esa bancada, también llamada “el Grupo de los 36”, tiene entre sus filas a personajes como Erika Brockmann, René Jaldín, Juan José Torres, Oscar Vargas, Alejo Veliz, Jerjes Justiniano, Franz Barrios, Leopoldo Fernández y Oscar “Motete” Zamora.

La actual correlación de fuerzas

Con la estructuración de este grupo de disidentes, la composición congresal ha adquirido una forma más compleja y un equilibrio que obligará a alcanzar consensos antes que el uso del tradicional “rodillo”.

En la Cámara de Senadores, el MNR, a pesar de sus dos disidentes, del que uno de ellos es Franz Barrios del MBL, todavía conserva la primera mayoría, seguido por el MAS, MIR, NFR y ADN.

Con esta nueva composición en el Congreso –80 de la ex coalición oficialista y 77 de los contestatarios– las posibilidades de alcanzar los dos tercios sin negociaciones y búsqueda del consenso es prácticamente cero.

Y de eso se ha encargado de confirmar la imposibilidad que, de manera curiosa, según el diputado socialista Jerjes Justiniano, el MNR, MIR y MAS tuvieron para distribuirse las tres acefalías en la Corte Nacional Electoral. Las designaciones no prosperaron pero sí el pedido del bloque independiente de reducir a cinco los miembros del tribunal electoral, de los que sólo uno, si la ley es modificada, será elegido en representación del Legislativo.

Con sus propias aspiraciones

En “El Grupo de los 36” no todos tienen las mismas perspectivas. Lo que los une es el impulsar una “revolución intelectual y moral” que le dé al Congreso un nuevo rostro, en recuperar la independencia del Legislativo respecto del Ejecutivo y en sentar las bases, según dicen, para “una democracia más plena”.

Por lo pronto, el grupo contestatario se ha propuesto, a pesar del malestar de la cúpula dirigencial de sus partidos, impulsar el juicio de responsabilidades contra los culpables de los hechos de febrero y octubre, y la aprobación de las leyes de “transparencia” y de investigación de fortunas, ambas bloqueadas por el gonismo, así como aquella que hace referencia a la responsabilidad de los partidos en la actuación de sus militantes en hechos de corrupción. Y, como no podía faltar, su compromiso de acelerar la aprobación de las reformas constitucionales que hagan posible la realización de la Asamblea Constituyente y el referéndum.

Y es que la crisis de los partidos es tan evidente que los parlamentarios contestatarios esperan que esta fuerza al interior de este nuevo Parlamento sea capaz de abrir y consolidar el potencial de cambio dentro de los propios partidos.

Quizá los contestatarios del MNR y MIR logren su cometido. Dependerá de cómo el movimientismo se recupere y renueve del duro golpe proporcionado al gonismo y de cómo Jaime Paz Zamora asimile las voces disonantes dentro de su partido. Si no lo logran, tal como advirtió Hugo San Martín, “no quedará otro camino que avanzar hacia la conformación de un movimiento ciudadano”.(Hugo Moldíz Mercado)

Hugo San Martín: Recuperar la credibilidad

Hugo San Martín es el diputado movimientista que desde un principio se distanció del esquema gonista y ahora es uno de los exponentes más públicos y lúcidos del bloque contestatario que surgió de las entrañas de los partidos de la ex coalición oficialista.
“El sistema político se ha ido envileciendo con el notorio divorcio de los partidos y los ciudadanos y con una práctica nada democrática con la cual se aprobaban las leyes”, afirma el parlamentario al justificar el surgimiento de “El grupo de los 36” y al dar cuenta de la nueva composición congresal.

El eje central de este grupo de parlamentarios, sostiene, es el de impulsar una profunda revolución intelectual y moral en el Congreso, que permita avanzar hacia una democracia más plena y a luchar contra los actos de corrupción y la impunidad.

Se trata, complementa, de darle al Parlamento, que también es parte componente de la crisis política e institucional, una nueva visión y un sentido progresista en contra de las orientaciones liberal-conservadoras, aunque también el de evitar marchar por el camino de la fácil retórica populista.

Erika Brockmann: “Construir una cultura deliberativa”

“Hay que pasar de la cultura de la dilación a la cultura de la deliberación”, afirma la diputada Erika Brockmann al explicar las razones por las que, pese a su militancia en el MIR, tomó la decisión de formar parte del grupo de parlamentarios contestatarios.

Y es que, como señala la diputada, más allá del número de parlamentarios que integran esta suerte de bloque, se trata de un sentimiento destinado a reivindicar el papel del Parlamento en momentos difíciles como los actuales.

Tras autocriticarse por su rol conciliador en el pasado inmediato, Brockmann sostiene que muchas veces en el Congreso, por el mandato de las direcciones partidarias, se han tomado decisiones sin estar debida y democráticamente procesadas por las bancadas parlamentarias, con lo cual se ha envilecido la práctica política.

Esta “turbulencia política” provocada por el grupo de contestatarios a sus partidos, según la diputada cochabambina, es buena para reorientar el sistema político, el trabajo legislativo y la acción de los partidos, incluyendo al MIR, “que por su tradición no puede dejar de ver esta señal”.

Jerjes Justiniano: Una nueva voluntad

La transformación de la composición con la que se dio inicio a la legislatura 2002-2007 es percibida por el diputado Jerjes Justiniano como “la voluntad política de refuncionalizar el Parlamento” y de desterrar las viejas prácticas, con las cuales los gobiernos convirtieron al Congreso en su apéndice.

Para el diputado cruceño, las jornadas de octubre han potenciado ese proceso autocrítico en el cual ya estaban comprometidos varios parlamentarios, pero que no era percibido por la opinión pública debido a la forma cómo actuaba la coalición oficialista.

Es más, apunta, el desgaste de la democracia pactada, que sólo sirvió para que gobiernen los de siempre, ha dado lugar a un movimiento de parlamentarios que se cuestionan a sí mismos y que ahora buscan devolverle al Legislativo su mermada independencia.

La nueva correlación de fuerzas en el Parlamento

DIPUTADOS

BANCADA TRANSVERSAL 31*
MNR 30
MAS 26
MIR 19
NFR 13
MIP 5
UCS 4
Disidente MIP 1
Disidente MAS 1
TOTAL 130

• Este grupo involucra a los contestatarios del MNR, MIR, NFR y UCS, más los parlamentarios de ADN (4) y PS (1).

SENADORES

El Grupo de los 36 5*
MNR 9
MAS 8
MIR 4
NFR 1
TOTAL 27

• Involucra a uno del MNR, uno del MBL, uno de NFR, uno del FRI (ex aliado del MIR) y uno de ADN.

Peleas, burlas, desorden: el “Congreso adolescente” en pleno

El Parlamento atraviesa por una transición compleja y dificultosa. El paso de la democracia pactada a una en la que el Parlamento tiene total autonomía está generando tensiones y fricciones de variado tipo. Si a ello se suma la acción desestabilizadora de ciertos parlamentarios de la ex Mega, específicamente el presidente del Congreso, Hormando Vaca Díez, y un buen número de diputados del MNR, MIR y NFR, se tiene un escenario explosivo, en el que incluso la estabilidad democrática está en juego. Habrá que añadir en ese contexto la escasa capacidad que ha tenido el Ministerio de la Presidencia en coordinar las tareas del Ejecutivo y el Legislativo.

El Parlamento post-octubre es como un adolescente que se va de la casa. Ha obtenido la libertad con respecto a sus padres pero no sabe qué hacer con ella. Y, hasta que le llegue la madurez, andará de parranda, haciendo macanas y trifulcas en cada esquina. Eso es justamente lo que hace el Congreso hoy: muestra irresponsabilidad, dejadez, falta de concentración y demasiadas energías, que se convierten en casi diarias peleas a puñetes. Es el precio que tiene que pagar la democracia con tal de no tener sobre el Parlamento el férreo control del Ejecutivo, vía presiones, chantajes y “pluses”.

Pero ese precio no puede ser demasiado alto. Decimos más arriba que incluso la estabilidad está en juego y ello es verdad, porque las demandas de los movimientos sociales de octubre (básicamente referéndum, Asamblea Constituyente y aumento de los impuestos a hidrocarburos) y que han sido tomadas como los pilares del Gobierno de Carlos Mesa, dependen de ese Parlamento “adolescente”, que cambia de humor constantemente, que se rebela contra sus mayores (la sociedad y sus instituciones) y que no quiere enfrentar sus propias responsabilidades.

Pero si no logra una madurez con cierta celeridad y si no terminan pronto esta transición entre el Parlamento de la democracia pactada y de la independencia real de poderes, el clima social puede enrarecerse y los conflictos volver a llenar las calles. La ansiedad de la población puede acrecentarse si el referéndum no avanza, si la Asamblea Constituyente no da pasos decisivos hacia su convocatoria y si la Ley de Hidrocarburos no recoge algo de las demandas populares. El Gobierno está en falta, y grave, en este punto, puesto que la ley llevará el lunes 16 dos semanas de retraso en ser entregada al Parlamento.

Pero el Parlamento deberá aprobar luego dos nuevos impuestos vitales para la sostenibilidad del Gobierno de Mesa, destinados a reducir el déficit fiscal. Si el Congreso no analiza ni aprueba esos impuestos, el TGN podría entrar en colapso y no tener los recursos necesarios para pagar sueldos. Y ahí estaremos en las puertas de nuevas batallas sociales o de la aprobación de un “gasolinazo” que podría terminar con la paz social trabajosamente lograda desde octubre.

La “Bancada Transversal”

Un grupo de 36 diputados y senadores disidentes de sus fuerzas políticas es la primera reacción contra ese Parlamento que sigue trabajando con la lógica del pasado, aquella de depender de lo que los jefes partidarios decidan. Esa “Bancada Transversal” (ver nota aparte) pretende ser más democrática, menos propensa a actuar bajo la lógica del chantaje al Ejecutivo (porque, además, no obtendría nada a cambio) y del trabajo remolón y poco eficaz.(RPU)