Octubre ha cambiado todo. El Parlamento, pese
a los intentos de las fuerzas conservadoras en mantener su estilo
del pasado, han empezado a experimentar reformas internas importantes.
Entre otras, el surgimiento de la “Bancada Transversal”,
de 31 diputados y cinco senadores, actualmente la más numerosa
del Congreso.
Si a esos 31 diputados se suman los 26 del MAS,
los cinco del MIP y dos disidentes, esa bancada tiene en total
64 diputados, dos menos de la mayoría absoluta en la Cámara
Baja, que conforman 66 votos.
Son claros los intentos de la ex Mega (MNR,
MIR y NFR) de desestabilizar al Gobierno de Carlos Mesa y de no
aceptar la agenda que el Presidente pretende imponerles a los
parlamentarios. Por otro lado, su casi nula legitimidad y su popularidad
bajísima hace que el Congreso esté, como se dice
en los corrillos parlamentarios, “entre la turba y la pared”.
O hacen lo que la ciudadanía espera que hagan o sobrevuela
sobre sus cabezas la amenaza de intervención y cierre.
La ex Mega ya no tiene la precaria mayoría
que mostró durante el Gobierno de Goni y que le permitió
aprobar unas cuantas leyes en noviembre de 2002: la reposición
del Bonosol, el Seguro Materno Infantil y otras menores.
Las disidencias no orgánicas
Semanas después de que Sánchez
de Lozada fugara del país, los partidos que sustentaron
su mandato se han visto afectados por duros cuestionamientos internos
que, bajo la batuta del rebelde movimientista Hugo San Martín,
ha dado lugar a una disidencia aglutinada en la “Bancada
Transversal”.
La otrora coalición oficialista alcanzaba
a un total de 91 diputados y 19 senadores, incluyendo a los tres
disidentes de NFR que formaban parte del partido de Ivo Kuljis.
Las primeras fisuras de este bloque empezaron
a manifestarse poco después de los hechos sangrientos de
febrero, con la salida del esquema gubernamental de UCS y el distanciamiento
en el ámbito parlamentario de la ADN de Tuto Quiroga.
La tendencia a un mayor debilitamiento se profundizó
a fines de octubre pasado, cerca de 15 días después
de la dimisión de Goni, cuando unos 17 diputados uninominales
se desmarcaron del control de los partidos del anterior esquema
gobiernista. El MNR, de un total de 47 parlamentarios, se redujo
a 39, el MIR de 31 a 23, UCS de 5 a 4 y NFR de 27 a 14. Son 29
parlamentarios en total, salidos de los partidos tradicionales,
los que han creado esa nueva bancada. Se suman a ellos el diputado
del PS y el de ASP. Los cinco parlamentarios de ADN se unen a
esta bancada dependiendo de los temas a tratar.
Esa bancada, también llamada “el
Grupo de los 36”, tiene entre sus filas a personajes como
Erika Brockmann, René Jaldín, Juan José Torres,
Oscar Vargas, Alejo Veliz, Jerjes Justiniano, Franz Barrios, Leopoldo
Fernández y Oscar “Motete” Zamora.
La actual correlación de fuerzas
Con la estructuración de este grupo de
disidentes, la composición congresal ha adquirido una forma
más compleja y un equilibrio que obligará a alcanzar
consensos antes que el uso del tradicional “rodillo”.
En la Cámara de Senadores, el MNR, a
pesar de sus dos disidentes, del que uno de ellos es Franz Barrios
del MBL, todavía conserva la primera mayoría, seguido
por el MAS, MIR, NFR y ADN.
Con esta nueva composición en el Congreso
–80 de la ex coalición oficialista y 77 de los contestatarios–
las posibilidades de alcanzar los dos tercios sin negociaciones
y búsqueda del consenso es prácticamente cero.
Y de eso se ha encargado de confirmar la imposibilidad
que, de manera curiosa, según el diputado socialista Jerjes
Justiniano, el MNR, MIR y MAS tuvieron para distribuirse las tres
acefalías en la Corte Nacional Electoral. Las designaciones
no prosperaron pero sí el pedido del bloque independiente
de reducir a cinco los miembros del tribunal electoral, de los
que sólo uno, si la ley es modificada, será elegido
en representación del Legislativo.
Con sus propias aspiraciones
En “El Grupo de los 36” no todos
tienen las mismas perspectivas. Lo que los une es el impulsar
una “revolución intelectual y moral” que le
dé al Congreso un nuevo rostro, en recuperar la independencia
del Legislativo respecto del Ejecutivo y en sentar las bases,
según dicen, para “una democracia más plena”.
Por lo pronto, el grupo contestatario se ha
propuesto, a pesar del malestar de la cúpula dirigencial
de sus partidos, impulsar el juicio de responsabilidades contra
los culpables de los hechos de febrero y octubre, y la aprobación
de las leyes de “transparencia” y de investigación
de fortunas, ambas bloqueadas por el gonismo, así como
aquella que hace referencia a la responsabilidad de los partidos
en la actuación de sus militantes en hechos de corrupción.
Y, como no podía faltar, su compromiso de acelerar la aprobación
de las reformas constitucionales que hagan posible la realización
de la Asamblea Constituyente y el referéndum.
Y es que la crisis de los partidos es tan evidente
que los parlamentarios contestatarios esperan que esta fuerza
al interior de este nuevo Parlamento sea capaz de abrir y consolidar
el potencial de cambio dentro de los propios partidos.
Quizá los contestatarios del MNR y MIR
logren su cometido. Dependerá de cómo el movimientismo
se recupere y renueve del duro golpe proporcionado al gonismo
y de cómo Jaime Paz Zamora asimile las voces disonantes
dentro de su partido. Si no lo logran, tal como advirtió
Hugo San Martín, “no quedará otro camino que
avanzar hacia la conformación de un movimiento ciudadano”.(Hugo
Moldíz Mercado)